Cómo este pez de $5 dólares está acabando con una epidemia mundial

“El pez de hierro de la suerte” se llama un simple y muy efectivo invento de un epidemiólogo canadiense que está cambiando la vida de miles de personas en el Sudeste Asiático, quienes hasta ahora sufrían las consecuencias de una dieta baja en hierro.

La solución más sencilla suele ser la correcta es una máxima con la que la mayoría estaría de acuerdo, y sin embargo la perdemos de vista. Casos que lo demuestran llenarían varias páginas. Por ejemplo, recientemente entrevistamos a Sam Tsemberis, el creador de un modelo social para sacar a los indigentes de las calles ¿Cómo? ¡Dándoles un hogar! Una solución que ha probado ser tan sencilla como eficiente.

Y ahora otro emprendedor que no se ha olvidado de esta máxima es Christopher Charles, un joven epidemiólogo canadiense cuya experiencia en el Sudeste Asiático lo llevó a inventar un pequeño artículo de hierro de 7 centímetros, que está ayudando a erradicar una de las condiciones más comunes que afectan a la población mundial, presente en 1 de cada 4 personas: la anemia.

Bienvenido a Villa Letargia

En 2008, el destino del recién graduado de ciencias biomédicas fue Camboya. Se trató de todo menos de unas relajadas vacaciones.

Viviendo en una pequeña villa de pescadores, Charles tuvo un difícil proceso de adaptación. Cada mañana, salía rápidamente de su choza, se daba un chapuzón en el río que bordeaba la villa, desayunaba algo rápido y volvía a su hogar para protegerse tras un mosquitero de la omnipresencia de estos insectos. “Y soy de Canadá, sé lo que son los insectos”, dice Charles en su charla TEDx de 2014.

Casi todo el día tras el mosquitero, el canadiense usó el tiempo que tenía para observar los alrededores y notó algo curioso: los pobladores parecían vivir en una eterno letargo. “A cualquier lugar al que fuera, la gente estaba echada en cada centímetro de sombra que encontraban. Nadie tenía energía, energía para trabajar, para jugar, para aprender”. El hoy doctorado en epidemiología de la universidad canadiense de Guelph supo que era un indicador claro de anemia.

La anemia es la concentración baja de hemoglobina en la sangre, la proteína responsable de transportar el oxígeno desde los órganos respiratorios hasta los tejidos y el dióxido de carbono desde los tejidos hasta los pulmones que lo eliminan, entre otras funciones. La anemia no es una enfermedad sino un signo, en la mayoría de los casos, de falta de hierro.

Si bien la anemia por falta de hierro no es en sí misma mortal, puede causar una diversidad de complicaciones. La fatiga generalizada es una de ellas, y es lo que observó Charles en la población. Luego de hacer otras indagaciones, el canadiense también detectó un alarmante número de casos de hemorragias post-parto en su villa y otras cercanas, en algunos casos con desenlaces fatales.

Armado con un equipo médico de décadas de antigüedad y conectado a una batería de auto, Charles comenzó a realizar exámenes a los pobladores para detectar el porcentaje de anémicos. Se estima que el 25% mundial tiene anemia, y que en ciertos países como Camboya puede llegar hasta el 50%. Charles descubrió un número mucho más alto entre sus vecinos: 90%.

La falta de hierro, pese a ser fácilmente controlada a través de suplementos, es el trastorno nutricional más frecuente en el mundo y es calificada como “una condición de salud pública de proporciones epidémicas“, según la Organización Mundial de la Salud. El problema fundamental yace en los países subdesarrollados, como Camboya, que no cuentan con los recursos ni la disponibilidad de estos suplementos de hierro.

No podía descubrir la magnitud de este problema y luego irme“, dice Charles en retrospectiva, cuando los tres meses presupuestados de estadía en el país asiático llegaron a su fin. El canadiense llamó a casa, dio sus razones y siguió en Camboya, rumiando posibles soluciones a nivel local de un problema global.

Un golpe de suerte

Fue entonces cuando un estudio llamó su atención. En él se analizaba el uso de ollas de hierro y su efecto en el ingesta diaria de este elemento, y concluía que “el uso de ollas de hierro en hogares en países menos desarrollados puede ser un método útil para prevenir la anemia por deficiencia de hierro” gracias a que las ollas liberan hierro en el alimento.

Puede parecer hasta obvio, pero la recomendación no pasó del estudio y nunca se vio una aplicación práctica del descubrimiento. Charles presentía por qué: las ollas de hierro son caras y pesadas, y además no preservan tan bien la comida como otros materiales. Los camboyanos, por ejemplo, preferían las ollas de aluminio.

El desafío era entonces tomar este descubrimiento y hacerlo útil y aplicable para las personas. “Puedes tener el mejor invento del mundo, pero si las personas no lo usan, no lo aceptan, entonces no tienes nada, dice Charles, tocando una herida sensible que suele pesarle a la ciencia: la desconexión con la realidad. “Los científicos solemos trabajar en lugares aislados y tendemos a olvidar por qué hacemos lo que hacemos y cómo afecta la vida de las personas“, agrega.

Buscando una forma sustentable, económica y adaptada al medio local, dio con un pequeño bloque de hierro. La idea era simple: cuando los pobladores cocinaran su comida, generalmente sopas, debían añadir la barra en el alimento cuando se estuviera cocinando en la olla y dejarla por 10 minutos. Sus mediciones indicaban que con hacerlo una vez al día la barra proporcionaría el 75% del hierro diario requerido (sin contar con el hierro de la propia comida). Vale decir que la barra no transmitía ningún otro tipo de elemento dañino.

El canadiense recurrió a una chatarrería cercana y fabricó, con la ayuda de locales, varias barras que luego repartió junto con las indicaciones. Al poco tiempo notó un pequeño problema: la forma de la barra hacía que la gente la usara para otras cosas, como tope de puerta, para nivelar una mesa, en fin, varios usos que si bien eran creativos, no ayudaban a disminuir los casos de anemia. Charles comenzó un proceso de iteración que incluyó un disco, una flor y finalmente un pez de hierro. El pescado es, junto al arroz, el principal alimento en Camboya, además de ser un símbolo de buena suerte: era la figura ideal.

Así lo notó Charles cuando vio que, luego de meses de repartición del Lucky Iron Fish (pez de hierro de la suerte), diseñado como un pez local de más o menos 7 centímetros de longitud y 200 gramos de peso, el objeto era usado diariamente por el 90% de quienes lo recibían.

Instrucciones de cómo usar el Lucky Iron Fish. Fuente: Lucky Iron Fish

Luego de un año de mediciones y comparaciones, el canadiense detectó que en ese tiempo la mitad de quienes usaron el Lucky Iron Fish habían dejado de tener anemia. Además era barato de producir. Usando materiales y mano de obra local, el costo era de $5 dólares (cerca de 3.000 pesos chilenos) por cada uno, y podían brindar el hierro necesario a una familia entera durante más 10 años.

Un pez 100% local

Así nació el invento que hoy da lugar a Lucky Iron Fish, una Empresa B certificada que busca el bien social a través de la erradicación mundial de la deficiencia de hierro. A la fecha llevan 9.000 peces de la suerte repartidos en Camboya a través de hospitales y ONGs, que han beneficiado a cerca de 50.000 personas.

Pese a ser una organización canadiense, Lucky Iron Fish también está registrada como una empresa social en Camboya y fabrica el producto, de principio a fin, en el país asiático. “Pudimos haber fabricado (el pez) con otras compañías de Asia que quizás tuviesen mayor experiencia, pero no tenía sentido si no contribuía nada a Camboya“, explica Charles.

Cada lote es distinguido por una marca distinta, lo que le permite a la organización saber las diferencias en efectividad de cada ciclo de producción. Fuente: Lucky Iron Fish

El pez está fabricado de chatarra, mayormente piezas de autos, y el empaque es fabricado con hojas de palmeras locales por una cooperativa de artesanos llamada Watthan Artisans, quienes dan empleo a discapacitados. La estrategia de comunicacional también es llevada a cabo por una agencia local.

Para mayor seguridad, cada lote es analizado por dos laboratorios independientes, uno en Camboya y otro en Canadá, quienes se aseguran que la cantidad de hierro liberado por el objeto no llegue a niveles tóxicos para el cuerpo y que no contengan contaminantes.

Además de fabricar el producto, Lucky Iron Fish realiza campañas comunicacionales en villas de Camboya donde explican de qué trata de anemia, sus efectos y la importancia de consumir hierro. El trabajo de la organización les ha valido varias distinciones, entre ellos el Premio del Compromiso a la Acción de la Universidad Clinton para Iniciativas Globales, y ser nominada al Premio Edison para la Innovación 2015.

Actualmente la organización está enfocada en Camboya, aunque no descartan en el futuro llevar el producto a otras partes, adaptando el pez de la suerte a otras culturas y aplicando la misma ética de producción local.

via

Anuncios
Acerca de

Chileno. Tecnólogo Médico, Magister en cs de la Ingeniería mención Biotecnología. Nerd, Geek y orgulloso integrante del Partido Pirata de Chile Ⓟ.

Publicado en Ciencia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 615 seguidores

Member of The Internet Defense League

Sígueme en Twitter
A %d blogueros les gusta esto: