El teletrabajo, que es una opción que muchos empleados piden, para las startups muchas veces es la única forma que tienen de trabajar por falta de recursos. El problema podría venir por esta obligada disgregación de la plantilla que afecta directamente a la implicación del equipo en el nuevo proyecto. 

Teletrabajo sí, teletrabajo no: problemas del primer mundo y el dilema de las empresas del siglo XXI. Millones de líneas se han escrito al respecto, algunas alabando las bondades que supone poder trabajar desde la comodidad de nuestra casa y otras condenándolo. Que si productividad, conciliación laboral, comodidad, control del trabajo que realizan los empleados por parte de sus jefes… cientos de variables que determinan si se teletrabaja o no. De momento hay muchos empleados a favor y demasiados jefes en contra, situando a España, con un 27% de empresas que optan por el teletrabajo, a la cola de la Unión Europea donde la media está en el 35% de media.

Para las startups, para muchas de ellas, supone no solo una opción, a veces es una necesidad. Si hace algún tiempo Marissa Meyer llegaba a Yahoo! y una de sus primeras medidas fue convocar a todos sus empleados para obligarles avolver a trabajar desde las oficinas, muchas de las pequeñas y nuevas empresas, se van a casa. La diferencia: el dinero necesario para la inversión en infraestructuras. Si bien Yahoo! y cualquier otra empresa del mismo nivel tienen la obligación y los fondos necesarios para tener oficinas, en muchos casos edificios enteros en privilegiados lugares, las startups no cuentan con esa opción.

Garaje de Apple

De vuelta a la cultura del garaje (de tus padres)

Las más importantes empresas del mundo tecnológico surgieron de los garajes de Silicon Valley, o al menos esta ha sido la anécdota más idílica que nos han vendido. Algunas startups siguen esta rutina, cambiando el garaje por el salón posiblemente, pero por una razón muy diferente. Si Google o Apple lo hacía en sus inicios, ahora se hace para evitar un gasto que puede suponer el alquiler de una oficina. A menudo, algunas zonas de influencia y de alta actividad de las pequeñas empresas tecnológicas se ponen de “moda” lo que implica una subida, a veces desorbitada, de los precios del alquiler. Pongamos por ejemplo, el caso de Silicon Valley en donde un alquiler llega, como mínimo a los 2.000 dólares al mes,subiendo en la mayor parte de los casos a 3.000 y 4.000 dólares.

Y algo parecido ocurre en otras grandes ciudades estadounidenses y europeas. Para muchos que acaban de empezar, asumir estos gastos, además de los asociados al mantenimiento, son prácticamente inalcanzables. La opción obligada del teletrabajo es entonces más que un recurso una necesidad.

Si bien puede sonar bien en un sentido puramente económico, en el que una nueva empresa dedica el 100% de sus muchas veces escasos recursos al desarrollo del producto, el problema podría venir precisamente por esa disgregación de la plantilla. En una gran empresa, o una ya establecida, el mantenimiento de la misma es sencillo en términos generales. Pero la creatividad, el esfuerzo común y los progresos necesarios que requiere una startup podrían verse dañados por ese sistema de trabajo muchas veces obligado por las circunstancias.

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