Estados Unidos presiona por desaparición de sitios que divulgan conocimiento científico gratuitamente

A través de uno de sus aparatos de “justicia”, Estados Unidos ordenó el cese de actividades que permitan la distribución de material bajo derechos de autor de la gigante editorial neerlandesa Elsevier (puedes ver el documento de la corte en PDF). Esto se concretaría mediante la suspensión de dominios y captación de datos de cuentas bancarias asociadas a los proyectos Library Genesis, Sci-Hub, Bookfi y otros, tres de los proyectos más significativos que divulgan el conocimiento científico a través de más de dos millones de libros y más de cuarenta millones de artículos. 

Hace un tiempo te contábamos que la cuestionada editorial Elsevier quería eliminar sitios que distribuyen libros y artículos científicos. Para eso, las empresas suelen explotar las ventajas de los sistemas judiciales de los Estados. En este caso, y como en muchos otros casos, pese a que la empresa sea originaria de Países Bajos, los acusados de Kazajistán y otros sin paradero conocido, la corte elegida para hacer la demanda es una estadounidense. Por supuesto, estos aparatos poco se preocupan de lo que pueda ser justo, sino que más se preocupan de preservar el derecho a propiedad (cuya apropiación de las editoriales ha sido largamente cuestionada y ha sido explicado a la corte por una de las mismas acusadas) que de garantizar el acceso al conocimiento que se encuentra en materiales como libros o artículos científicos. Pese a todas las críticas en contra de Elsevier ejercidas durante años que han llevado incluso a boicots de los mismos académicos o la reciente renuncia del cuerpo editorial del journal Lingua, la corte de turno se encarga en hacernos notar que “la existencia de Elsevier muestra que la publicación de investigación científica genera valor económico sustancial”. No faltaba más que la sola existencia de una editorial (que se aprovecha del trabajo de todas aquellas personas que contribuyen en su mayoría sin compensación económica alguna) sea pieza fundamental en “crear valor económico” a costa de secuestrar el conocimiento científico bajo precios altísimos. Recordemos que un artículo de 10 o 15 páginas cuesta fácilmente 30 dólares sin incluir gastos por uso de tarjeta de crédito y esas cosas modernas del sistema financiero.

Alexandra Elbakyan, fundadora del Sci-Hub (y quien fuera entrevistada hace un tiempo por TorrentFreak debido a este mismo caso), ha sido la única persona de los proyectos que se ha expuesto públicamente. Esto le ha valido ser blanco de la corte y ser multada con 5.000 dólares, cuya fecha para pagar ya caducó. Esto ocurre pese a la argumentación expuesta a través de una carta (PDF de la respuesta de Alexandra), que entre otras cosas menciona que: “Cuando era estudiante en una universidad kazaja, no tenía acceso a artículos de investigación científica que necesitaba para mi proyecto de investigación. El pago de 32 dólares es una locura cuando necesitas ojear o leer decenas o cientos de estos artículos para poder hacer tu investigación. Luego me encontré con que hay muchísimos investigadores (no solo estudiantes, sino investigadores de universidades) en mi misma situación, especialmente en países en desarrollo. Ellos crearon comunidades en internet (foros) para resolver este problema. Fui una participante activa en una de estas comunidades en Rusia. Aquí cualquiera que necesite un artículo científico, pero no pueda pagarlo, puede hacer una petición y otros miembros que puedan obtener el artículo se lo enviarán gratuitamente por correo electrónico. Yo podía obtener cualquier artículo pirateándolo, así que resolví muchas solicitudes y las personas siempre estuvieron muy agradecidas por mi ayuda. Después de eso, creé el sitio sci-hub.org, que simplemente hace este proceso automático y el sitio se hizo popular inmediatamente. Es verdad que el sitio recolecta donaciones, sin embargo no presionamos a nadie a enviarlas. Elsevier, al contrario, opera al recibir el dinero [by racket]: si no le envías el dinero, no leerás los artículos. En mi sitio, cualquier persona puede leer cuantos artículos quiera gratuitamente, y enviar donaciones a su libre albedrío. ¿Por qué Elsevier no puede funcionar así, me pregunto?”.

Sin embargo, Elsevier “piensa” (puesto que en este sistema retorcido es un tipo de persona) de forma distinta. Esta ilustre editorial indica que como empresa “protegen el delicado ecosistema que apoya a la investigación científica mundial” (te puedes reir, con confianza), y el dinero que generan es usado para apoyar nuevos descubrimientos, crear nuevas revistas (journals) y mantener un registro exacto y definitivo del descubrimiento científico.

La corte también opina en este “diálogo” desigual, diciendo que no se puede negar que asegurar el amplio acceso a investigaciones científicas es una importante componente para perseguir mayor conocimiento científico (siempre y cuando esto esté ajustado a lo que dicte la industria de turno en conjunto con el o los gobiernos involucrados). Pero luego de estas bonitas palabras, pone fin a cualquier esperanza de justicia, indicando que la solución que entrega Alexandra “perjudica al interés público”. Siguiendo con la formalidad, la corte indica en su dictamen ciertas excepciones a los derechos de autor ampliamente conocidas, dejando establecido que Elsevier tiene el derecho de autor de los documentos, pero no de los “descubrimientos” que estén dentro de los artículos.

Resistencia

Por supuesto, lo que diga tal o cual corte del mundo dictamine va a ser combatido por las mismas personas afectadas o por otras. Por el momento han desactivado varios dominios (sci-hub.org y sci-hub.club ya no están disponibles, por ejemplo) y es posible que si escala la presión personal sobre Alexandra no se involucre más de manera pública (cosa que yo al menos no veo probable en este minuto). Otro punto a observar es sobre si existen datos personales ligados a cuentas bancarias o dominios de los distintos proyectos que puedan afectar a más personas. Por el momento, sabemos a través de la demanda que se ha acusado a decenas de personas llamadas John Doe (esto es como decir “Juan Pérez”, o cualquier nombre y apellido genérico), por lo que quizás no vaya a ocurrir mucho sobre eso todavía.

Por el modo en que está diseñado Library Genesis, es posible realizar sitios espejos con el contenido del proyecto que contengan la información de manera total o parcial. Las principales dificultades para montar estos sitios son la cantidad de información (algunas decenas de terabytes) almacenada y transferida, en conjunto con las posibles acusaciones legales de empresas frente a países que sirven como “protectores del bien público”.

Por lo pronto, Library Genesis permanece sin modificaciones, Sci-Hub sufrió la baja de dos dominio y ahora opera a través de sci-hub.io, bookfi está disponible a través de bookzz.org y otros permanecen fuera de línea al momento de escribir este artículo. A pesar de que existe un servicio en I2P de Library Genesis, se evalúa también la posibilidad de un servicio oculto a través de Tor y anteriormente Alexandra Elbakyan había indicado que si era necesario llevar Sci-Hub a la “darknet” lo iba a hacer. A su vez, personas que viven en el Reino Unido y Estados Unidos ya han tenido que hacer uso de Tor para poder acceder a Library Genesis, debido a que en el caso del primero fueron baneados en conjunto a otros sitios de distribución gratuita de libros, y en el segundo fueron las mismas personas de Library Genesis quienes bloquearon acceso como medida estratégica ante la demanda impuesta por la preservadora del bien público Elsevier.

Como comenta Alexandra, existen muchas comunidades en internet que colaboran para obtener acceso a material de este tipo. Incluso en redes sociales como reddit (a través del subreddit r/Scholar) o en Twitter (a través del hashtag #icanhazpdf, instrucciones a través de @hecanhazpdf) es posible ver públicamente cómo funciona este tipo de colaboraciones. De este modo, y con una articulación de las personas creando comunidades para compartir material, es posible obtener acceso a pesar de no contar con grandes repositorios como Library Genesis en conjunto con herramientas automatizadas como Sci-Hub.

Ante la injusticia de este tipo de fallos, las personas comunes y corrientes como tú o yo podemos reaccionar de distintas formas. Difundir el problema de la publicación científica, contar a otras personas sobre este caso judicial, leyendo un libro “liberado”, enseñando a otras personas a acceder a este material, activándote, “liberar” material o incluso dar un apoyo a políticas de acceso abierto son algunas de las formas de luchar contra la apropiación del material que difunde el conocimiento por parte de las editoriales.

El acceso gratuito a la ciencia (e incluso el arte) del modo en que lo hacen los proyectos mencionados es solo una pequeña contribución al desarrollo científico y personalmente no lo veo como la panacea. Existen muchas más barreras para entender un material tanto en los aspectos técnicos como de intereses de determinadas investigaciones. Sin embargo, el solo acceso al conocimiento permite que nos podamos enterar no solo de aspectos técnicos relevantes para nuestro interés profesional, sino que también nos puede ayudar a comprender el mundo en otros aspectos, consultándolo para beneficiar la salud propia o de personas cercanas, conociendo análisis sociológicos del control social en países primer mundistas y tercer mundistas, ver cómo las farmacéuticas se encargan de manipular sistemáticamente las investigaciones para salir ganando en algunos casos, etc. Considerando esto, estos tipos de proyectos son imprescindibles para desarrollar investigación científica independiente.

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Acerca de

Chileno. Tecnólogo Médico, Magister en cs de la Ingeniería mención Biotecnología. Nerd, Geek y orgulloso integrante del Partido Pirata de Chile Ⓟ.

Publicado en Ciencia, Cultura, DD.HH, Open Data, Sociedad

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