La irrupción tecnológica en el aula

Acceso ubícuo y democrático a información y recursos

Lo hablábamos en uno de los últimos Especiales. La revolución tecnológica de estos últimos años ha supuesto que por primera vez en la historia de la humanidad, se hayan roto barreras aparentemente infranqueables como las que arrojan el tiempo y el espacio.

La informática ofrece a día de hoy un canal que es ubicuo y prácticamente omnipresente, lo que ha trastocado (y trastocará) todos y cada uno de los cimientos de la sociedad.

Es un hecho innegable: Cualquier niño con un smartphone en la mano y acceso a la red dispone a día de hoy de más información que toda la que tuvo en vida el 40º presidente de los EEUU, Ronald Reagan. Y este, además de ser posiblemente el hombre más poderoso del planeta en su época, falleció apenas hace una década.

Tanto es así, que uno de los principales problemas que encontramos en la actualidad no es precisamente la falta de información, sino la falta de sentido crítico que nos permita discernir en el océano digital qué información aporta valor y cual es mera basura.

Una infoxicación generada por la utilización sin conocimiento de una amalgama de tecnologías (internet, TIC, electrónica de consumo,…) que ha sufrido una verdadera explosión de alcance y repercusión en la vida diaria de cada vez más personas. Tecnologías aún inmaduras, a escasos pasos de encontrar la estabilidad esperable entre funcionalidad y requerimientos previos de cara al usuario.

Porque esta es precisamente otra de las dificultades que el entorno tecnológico necesita salvar. La electrónica de consumo duplica su eficiencia prácticamente cada generación (mayor funcionalidad, menores costes), lo que dilapida los habituales problemas de acceso a mercados con menor margen de beneficio. Las barreras de entrada no suelen ser por tanto económicas o sociales, sino de conocimiento (cómo realizar búsquedas eficaces en internet, cómo encontrar solución a mis problemas, qué me puede ofrecer en verdad este producto a mi rutina diaria,…). Un campo de desarrollo abierto en el que las empresas tecnológicas tienen fijados todos los sentidos, ofreciendo cada vez tecnologías más invisibles, más inmediatas y sencillas de utilizar.

Un paradigma que a priori ofrece una oportunidad de oro para todas aquellas organizaciones centradas en aportar conocimiento a la sociedad, entre las que sin duda deberían entrar los centros educativos.

Si prácticamente cualquier niño ya tiene un smartphone ¿tiene sentido que se lo prohibamos en el aula? ¿No resultaría más útil para este chico que le enseñáramos a usar correctamente esta tecnología, incluyéndola dentro del plan de estudios, para que sepa aprovechar sus ventajas y desestime esos posibles inconvenientes? Para que la herramienta se vuelva útil, y no una pérdida de tiempo.

Porque el estudiante (o el profesor) va a ser usuario de estas tecnologías. Y quizás lo sea sin conocer su funcionamiento.

Irían más lejos. ¿Puede una universidad, o un centro escolar, permitirse ofrecer un producto (el plan de estudios) que ya no tiene lazos con la realidad que están viviendo sus clientes (los estudiantes), más cuando éstos lo demandan? Creo que todos estamos de acuerdo en que el papel de la educación es sentar una base que mantenga el conocimiento de nuestra especie en vigor, y por ende, es de esperar que los cambios sociales (sean de la índole que sean) lleguen algo más tarde al sector educativo. Pero la informática no es algo nuevo, y afecta al día a día de todos nosotros. Es un elemento crítico que algunas organizaciones están implementando con acierto, distanciándose de ese grupo, anclado en el pasado, y con un pie en la tumba.

Incluso a nivel de rentabilidad, no es casualidad que la tecnología se esté imponiendo a las técnicas de antaño.

El negocio de los libros de texto es una de las mayores estafas del sector. Casi cada año cambian el libro, y el anterior se queda obsoleto, no pudiendo heredarlo de un hermano mayor o mediante sistemas de compartición de libros de estudios que hay en prácticamente cada barrio. En una investigación reciente de la BBC, se llegó a la conclusión de que el precio del libro de texto había aumentado un 1000% desde 1977 (1). 

Digitalizando esos libros, ahorramos dinero (un convertible o una tablet duran varios años y sirve para todas las asignaturas), ahorramos espacio (¿qué hacemos todos con esos libros que una vez pasado curso se vuelven innecesarios?), protegemos el medioambiente (la fabricación de libros es el principal motor de desgaste de los últimos pulmones del planeta) y evitamos posibles problemas físicos en nuestros hijos… o en nosotros mismos (si en vez de llevar una mochila de unos ocho kilos de media tenemos que llevar tan solo un ultrabook de kilo y cuarto, protegemos el cuerpo de lesiones futuras).

El papel tecnológico de la universidad: Gamificación, colaboración e inmediatez

Y empiezo metiendo caña. En el libro “Dancing with the Devil: Information Technology and the New Competition in Higher Education” (2), Richard N. Katz critica duramente el papel de la Universidad en un entorno profundamente tecnológico.

Resulta inconcebible mantener el pulso informativo de la actualidad siguiendo los patrones inflexibles que han regido históricamente el órgano educativo, lo que lleva a estos centros a experimentar un estado de permanente pérdida de control:

Conforme la educación a distancia, el aprendizaje distribuido, los centros virtuales y las librerías digitales pasan a ser más importantes para los estudiantes, las instituciones académicas no pueden permitirse confiar en los métodos tradicionales si esperan sobrevivir a la quema. En este escenario, el cómo hacer frente a la competencia con fines de lucro, el cómo construir una poderosa infraestructura tecnológica, el cómo crear estructuras administrativas que recompensen el apoyo a la innovación tecnológica, y la forma de asegurar el financiamiento para tales transformaciones es crítico para el buen devenir de las organizaciones educativas.

Terry Eagleton, profesor emérito en la Universidad de Landcaster, y autor de varias decenas de libros, defendía a su modo recientemente en un artículo en The Chronicle (3) la “enfermedad” que asola a las universidades, y que no es otra que una incapacidad de adaptación a la realidad del mercado. No tanto monetizar la enseñanza en base a la dictadura de los perfiles especialistas, sino ofrecer las herramientas a los estudiantes para que sean estos los que estén en capacidad de aprender y elegir el futuro que desean.

Porque es precisamente ahí donde las nuevas tecnologías arrojan un mar de oportunidades.

  • La primera de ellas, la capacidad de generar experiencias educativas enriquecidas: El entorno digital es más proclive a ofrecer de forma sencilla recompensas que alimenten la sed de conocimiento de los estudiantes. Simplifica además la tarea del profesor, como señalaba Sebastian Thrun, ex-catedrático de la Universidad de Stanford y actual CEO de Udacity (4).

La mayoría de fracasos educativos se deben a una falta de planificación que subdivida de forma efectista el contenido, manteniendo interesado al estudiante.

Los planes de estudio habitualmente pecan de ello, al no generar un entorno de retroalimentación que haga sentir tanto al profesor como a los alumnos que pertenecen a un mismo grupo, y que hay unos hitos definidos y cuantificables que en suma permiten llegar al objetivo buscado (el dominio de una serie de conocimientos). Recientemente la gente de Choose 2 Matter, que son una referencia educativa en el sector, han liberado su visión de los primeros 20 días del plan académico usando una herramienta digital específicamente creada para ello (5) (por cierto, para educadores y padres interesados, descarga gratuita del libro durante tiempo limitado 🙂).

La informática permite acercar materias a priori poco “amigables”, como ocurre con la programación y los lenguajes visuales como Scratch o Google Blocking, o con elementos de gamificación heredados directamente del mundo de los videojuegos, favoreciendo además el entrenamiento de aptitudes tan necesarias como la creatividad o el trabajo en colectivo.

  • Porque precisamente de esto va el segundo tip. La colaboración es un elemento crítico en la sociedad, y una oportunidad de generar ese engagement echado en falta en los planes de estudios anclados en el pasado. Cuando un servidor empezó la Universidad, no existían la mayoría de plataformas de trabajo colaborativo que tenemos hoy en día a nuestra disposición, y sin duda he notado un cambio sustancial desde aquella época a esa otra en la que terminé mi master. No hay nada más cómodo que abrir una hoja de Google Docs o Word 360 e ir completando, en tiempo real, un trabajo con varias personas de tu grupo. Cada una en la comodidad de su casa, o trabajando juntos en el aula, a la vez, pero desde distintos dispositivos. Skype (o el servicio de mensajería que más le guste) para la comunicación (si es que es necesario) y el vasto océano informativo de internet a un click de distancia. ¿Significa esto que los libros son cosa del pasado? No, simplemente que el medio ha cambiado, y que sin duda el bit es mucho más accesible y directo que el papel cuando lo que necesitas es realizar una acción específica.
  • Así llego al tercer punto: Un libro debe ser reeditado para agregarle información nueva o corregir errores, mientras que un ebook, o un artículo en una plataforma de e-learning, tan solo tiene que actualizarse. Pasaría lo mismo con toda esa información que habitualmente el profesor ofrece a los alumnos mediante la voz o el uso de la pizarra. Todos (absolutamente todos) tenemos en el bolsillo una grabadora y un ordenador capaz de comunicarse en tiempo real con cualquier otro dispositivo. La inmediatez es el tercer factor que alza a las nuevas tecnologías como detonantes del cambio en el seno educativo. Ya no es necesario perder el tiempo replicando lo que ya está disponible en la red. Y de hecho, lo importante es que el estudiante aprenda a invertir ese tiempo en el aprendizaje propiamente dicho.

Microsoft es seguramente uno de los gigantes tecnológicos que más peso tiene en las aulas. Sus productos han sentado cátedra en la informática durante años, y algunas de las propuestas que veremos a continuación prometen un entorno significativamente más cercano a los tres puntos que comentaba en el artículo.

Pero sobre todo, me interesa compartir algunos de los casos de éxito (6) en la implantación tecnológica en el ámbito educativo, disponibles en su web, con el vídeo que acompaña estas palabras:

Referencias

  1. College textbook prices have risen 1.041% since 1971 (BBC)
  2. Dancing with the Devil: Information Technology and the New Competition in Higher Education (Richard N.).
  3. The Slow Death of the University (Terry Eagleton).
  4. Estamos construyendo un camino alternativo hacia el empleo (Sebastian Thrun).
  5. Liberating Genius in the classroom: The 20 first days (Choose2Matter).
  6. Microsoft Education Innovative Schools Program (Microsoft).
  7. Google’s Chromebooks Overtake Apple’s iPads for First Time in U.S. Education Market (Financial Times).

via

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Acerca de

Chileno. Tecnólogo Médico, Magister en cs de la Ingeniería mención Biotecnología. Nerd, Geek y orgulloso integrante del Partido Pirata de Chile Ⓟ.

Publicado en Cultura, Educación, Random, Sociedad, Tecnología

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