10 motivos para no creer lo que dice ese “nuevo estudio” publicado en prensa

A los medios de comunicación les encanta publicar información sobre ciencia; bueno, sobre todo si da un titular escandaloso o jugoso, porque de ciencia, muchas veces, se habla bastante poco.

Al hablar de lo que dicen nuevos estudios científicos, es habitual que se cometan ciertas imprecisiones. Tanto que a veces el titular o la noticia afirma lo contrario de lo que decía el estudio, o llega a conclusiones o generalizaciones que no estaban en el estudio original. Por ello no está de más tener en cuenta esta lista de errores que se suelen cometer cuando se habla de lo que aportan nuevos estudios científicos:

  1. No citar ni enlazar la fuente: Esto es bastante típico. Dificulta acceder a la información, que, en ocasiones, es difícil de encontrar, o no se encuentra publicada en acceso libre. Otras veces directamente no existe fuente por ninguna parte (probablemente la noticia sea falsa).
  2. Buscar lo llamativo: A veces por buscar un titular o un contenido atrayente, recalcan bondades y se atribuyen beneficios o poderes que no están del todo demostrados (pero que quedan muy bien como noticia bomba)
  3. Sobreestimar los resultados: De unos resultados discretos, el titular o la noticia afirma que se consigue un efecto mucho mayor. Por ejemplo, el estudio puede hablar de que “tomar pequeñas cantidades de alcohol no es perjudicial” y se puede exagerar diciendo que “tomar alcohol es saludable”.
  4. Tomar resultados preliminares como definitivos: Hay veces que los propios investigadores señalan las limitaciones de su estudio, afirman que sus resultados no son definitivos, extrapolables o generalizables, pero en las noticias esto no se suele comentar, y se da por sentado.
  5. Sacar conclusiones de causa-efecto donde no las hay: Dependiendo del tipo de estudio, según la metodología empleada, es posible que no se pueda establecer causalidad, aunque sí correlación. Es decir, hay sucesos que se dan de forma conjunta (por ejemplo, imaginemos que un estudio analiza a unos sujetos y se obtiene una relación en la que aquellos que escuchan música clásica padecen mayor riesgo cardiovascular) pero no se puede decir que algo cause lo otro. Hay correlación, pero no causalidad. Probablemente habrá otras variables que influyen, o dependerá del tipo de sujetos y de otras circunstancias. Cuando leemos un titular del estilo “escuchar música clásica podría aumentar el riesgo cardiovascular”, podemos intuir que ese “podría” quiere decir que no hay relación causa-efecto, pero te dan la información como si la hubiera.
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  1. Sacar conclusiones de estudios en animales: Está bien dar una información interesante sobre estudios en animales pues, pasado el tiempo, es posible que se realicen en humanos. Sin embargo, en ocasiones, hay estudios que utilizan ratones o monos, y se da la noticia sin citar ese importante detalle; lógicamente los resultados no se pueden extrapolar.
  2. No todos los estudios son iguales: No es lo mismo un ensayo clínico aleatorizado que una encuesta realizada por teléfono. No es lo mismo un estudio de un caso que otro con 10000 sujetos. Habría que leer la fuente original, conocer la metodología y lo que los propios investigadores comentan sobre sus hallazgos. Estos datos no siempre se comentan en las noticias.
  3. Un único estudio aporta poco: Dependiendo del estudio que sea, puede tener poco peso (como hemos dicho antes). Pero, además, en ciencia no todo es blanco o negro, hay muchos grises. Un estudio puntual puede afirmar una cosa, pero puedes encontrar otro que afirme la contraria. A esto nos referimos cuando hablamos de “cherry picking“: Es fácil que elijas un estudio y hables de él porque es llamativo, suena bien o reafirma tus creencias, pero no tienes en cuenta otros estudios, que pueden ser más importantes, mejor realizados, o bien ofrecer otros resultados diferentes. Por ejemplo, puedes encontrar estudios que te digan que tomar un poco de vino es saludable y recomendable, y otros que te digan que no lo es.
  4. No suelen hablar de los conflictos de intereses: No siempre hablan de quién ha realizado el estudio, o quién lo ha financiado. Tampoco los medios suelen especificar si alguien está interesado en que ellos den difusión a esa información. Afirmar que tal producto es bueno para la salud, que tal alimento o bebida tiene buenos efectos, que tal o cual técnica es muy beneficiosa… No son pocas veces las que encontramos que hay instituciones, empresas e intereses comerciales detrás de la divulgación de noticias sobre salud y estudios científicos. Si en todas las televisiones hablan de que mi crecepelo que usa algas místicas con eficacia probada funciona muy bien (según un estudio que yo mismo he hecho), seguramente subirían las ventas ¿verdad?
  5. Hablar del futuro como si fuera ya realidad: A veces se habla de resultados que serán aplicables dentro de varios años, y los anuncian como si ya estuvieran disponibles. Por ejemplo, un fármaco experimental demuestra ser eficaz contra una enfermedad parecida al Alzheimer en ratones. Habría quien lo anunciaría como “la cura del Alzheimer ya está aquí”, cuando puede que quedaran años, décadas, para que esos ensayos se mostraran seguros en ratones, pudiera pasarse a experimentación en humanos y se pudiera comprobar si el tratamiento funciona o no.

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Acerca de

Chileno. Tecnólogo Médico, Magister en cs de la Ingeniería mención Biotecnología. Nerd, Geek y orgulloso integrante del Partido Pirata de Chile Ⓟ.

Publicado en Ciencia

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