Ciudadanía y producción democrática #Hackeaelsistema

En las últimas décadas hemos visto cómo el concepto de innovación ha cambiado a medida que se amplía el ecosistema de agentes capaces de producir innovación, así como la modalidad de producirla. Por ejemplo, el concepto de producer-innovation, donde quienes innovan son las empresas según sus ideas, ha sido superado por el de user-innovation, donde la innovación surge de la observación de las necesidades de los consumidores, y por último por el de consumer-innovation, donde los consumidores aumentados por las nuevas tecnologías son capaces de crear sus propios productos para sí mismos. A su vez, los modelos de negocio relacionados a la innovación han cambiado. Por ejemplo, ahora se habla no solo de innovación protegida por patentes, sino también de open innovation e incluso free innovation, donde los aspectos de compartición en abierto del conocimiento juegan un papel clave.

En el campo de la smart city, o ciudad inteligente, se ha manifestado una evolución similar. Mientras los primeros modelos de smart city priorizaron la tecnología en manos de expertos como vehículo clave para la resolución de problemáticas urbanas, iniciativas más recientes como la Sharing City (Seoul), la Co-city (Bologna), o la Fab City (Barcelona) ponen el foco en la participación ciudadana, la economía de los datos abiertos y los procesos colaborativo-distribuidos como catalizadores de soluciones innovadoras a retos urbanos. Dichas iniciativas podrían catalizar una nueva ola en el diseño de ciudades más inclusivas y sostenibles; desafiando las estructuras de poder existentes, amplificando la gama de soluciones a problemas urbanos y, posiblemente, creando valor a mayor escala.

En un contexto de austeridad económica y urbanización masiva, las Administraciones Públicas reconocen la necesidad de buscar alternativas innovadoras a las crecientes demandas urbanas. Mientras tanto, los ciudadanos, que se apropian del potencial de las tecnologías —muchas de ellas accesibles gracias al uso de licencias abiertas—, ponen en práctica su capacidad creativa contribuyendo a una ola de innovación que podría reinventar incluso los sectores más establecidos.

Producción contributiva

Combinaciones virtuosas de participación y capacidades ciudadanas, tecnologías digitales, y estrategias abiertas y colaborativas están catalizando innovación en todos los ámbitos. Desde el trabajo hasta la vivienda, la alimentación y la sanidad, nada es ajeno a la innovación ciudadana. Por ejemplo, el ámbito del trabajo se ve potencialmente afectado por los nuevos procesos de manufactura personal y producción a escala individual: los ciudadanos pueden ahora producir pequeños y grandes objetos (nueva capacidad), gracias a que pueden acceder fácilmente a nuevas tecnologías como las impresoras 3D (nuevo elemento); pueden también usufructuar de nuevas licencias de propiedad intelectual adaptando innovaciones ajenas y compartiendo las propias libremente (nueva regla) en respuesta a una amplia gama de necesidades.

En estas líneas, entre 2015 y 2016, la ciudad de Bristol catalizó un programa de innovación ciudadana que buscaba dar solución a problemas vinculados con el estado de las viviendas de alquiler, logrando una solución a través de la participación ciudadana y el uso de sensores y datos abiertos. Fueron los propios ciudadanos quienes, para combatir la problemática de las humedades en las casas, diseñaron y fabricaron sensores de temperatura y humedad utilizando hardware abierto (Raspberry Pi), impresoras 3D y cortadoras láser. Distribuidos en casas, los sensores permitieron mapear la escala del problema, diferenciar entre condensación y humedad, y así entender si el problema era debido a fallos estructurales del edificio o a malos hábitos del inquilino. Gracias al proceso de inclusión de los ciudadanos afectados en la resolución de sus problemáticas, la comunidad se sintió empoderada para buscar soluciones junto con los propietarios y el Ayuntamiento.

Un proceso similar se está llevando a cabo actualmente en Ámsterdam, Barcelona y Pristina bajo el paraguas del proyecto Making Sense. En este caso, comunidades de ciudadanos afectados por problemáticas medioambientales fabrican sus propios sensores y dispositivos urbanos para recolectar datos abiertos sobre la ciudad y organizar intervenciones de concientización y acción colectiva.

El FrogBox, un sensor de temperatura y humedad creado por ciudadanos de Bristol. Foto: KWMC, todos los derechos reservados.

Trabajo ciudadano

En la última década hemos visto el surgimiento de nuevas formas de microproducción mediante la expansión de los llamados laboratorios de fabricación ciudadana, talleres para la fabricación digital personal, equipados con una serie de herramientas controladas por ordenador y materiales que permiten fabricar «casi cualquier cosa». Fab Labs, maker y hacker spaces han surgido en la mayoría de las ciudades convirtiéndose en espacios de cocreación para la innovación social digital, aprendizaje de habilidades para el siglo XXI y emprendimiento ciudadano.

De estos laboratorios han surgido innovaciones como la impresora 3D de código libre Ultimaker, o una startup que crea juguetes y artefactos electrónicos a partir de desechos en Togo. En muchas ocasiones dichas innovaciones son cofinanciadas por ciudadanos a través de plataformas de micromecenazgo como Kickstarter (ej. el sensor medioambiental Smart Citizen) o comercializadas a través de plataformas p2p como Etsy. De esta manera, los ciudadanos participan en el tejido productivo de la ciudad, a la vez que aprenden nuevas habilidades y crean oportunidades de trabajo para sí mismos y para otros.

Además, estos espacios de diseño y producción posibilitan la adquisición de conocimiento para la fabricación digital, la creatividad y la colaboración, habilidades que han sido destacadas como necesarias para el desempeño en los trabajos del futuro.

Salud ciudadana

La innovación social digital también está generando disrupción en el ámbito de la salud. Existen diferentes manifestaciones de dichos procesos. Primero, plataformas como DataDonors o PatientsLikeMe demuestran una creciente participación de los ciudadanos en la investigación en biomedicina a partir de la donación de sus propios datos de salud.

Segundo, creaciones como el páncreas artificial de código libre, producto de colaboraciones entre científicos y aficionados, o proyectos como Open Hand project, que utiliza impresoras 3D para crear brazos prostéticos para personas de bajos recursos, demuestran que la combinación entre las nuevas tecnologías, el código libre y las capacidades ciudadanas pueden mejorar la calidad de vida de las personas a un costo y una escala antes inimaginables.

Por último, proyectos como OpenCare en Milán y aplicaciones de móvil como Good Sam demuestran cómo los ciudadanos pueden organizarse para brindar servicios médicos que serían muy costosos o a una escala y granularidad que el sector público difícilmente podría afrontar.

Alimentación ciudadana

Comer/Alimentarse es una de las actividades humanas más importante y generalizada. Sin embargo, la producción industrial de alimentos tiene un probado impacto negativo en el medioambiente (FAO, 1996) y, en ocasiones, en la salud de las personas (OMS, 2003). Un número creciente de iniciativas de innovación social digital en esta área está fomentando el surgimiento de un sistema de alimentos que puede mejorar la vida de las personas y contribuir a la sostenibilidad del medioambiente, así como a la creación de nuevos ecosistemas de producción en la ciudad.

Existen diferentes manifestaciones de dichos procesos que permiten vislumbrar cómo la innovación ciudadana en red puede tener un impacto en la forma en la que producimos y consumimos alimentos. Por un lado, iniciativas como La Colmena que Dice Sí, una plataforma de consumo local que utiliza tecnologías digitales para conectar consumidores y productores de proximidad demuestran que hay voluntad por parte de los ciudadanos de motivar la producción y consumo locales y que esto puede hacerse a muy bajo coste, conectando elementos ya existentes en el ecosistema.

Por otro lado, proyectos como Aquapioneers o Spirulina Lab, muestran cómo la fabricación digital personalizada y las herramientas de código abierto permitirán a la gente producir sus propios alimentos con el fin de alcanzar la autosuficiencia alimentaria y reducir el impacto negativo en el medioambiente. Finalmente, las crecientes iniciativas de huertos urbanos o proyectos como Connected Seeds o el observatorio Grow ilustran un escenario donde comunidades de vecinos se organizan para reapropiar espacios existentes, utilizan sensores para monitorizar factores medioambientales y plataformas digitales para compartir conocimiento con el fin de producir alimentos a nivel local pero a mayor escala, y de manera colaborativa.

Implicaciones

Los procesos de producción de este tipo de productos y servicios obligan a pensar en las implicaciones políticas y en el papel de las instituciones públicas, en tanto ponen en cuestión las reglas de participación y contribución en el marco de la ciudad. En los tiempos actuales de turbulencia sociopolítica y planes de austeridad hay una necesidad de diseñar y probar nuevos enfoques de participación, producción y gestión cívica que puedan fortalecer la democracia, aportar valor y considerar las aspiraciones, la inteligencia emocional y la agencia de los individuos y las comunidades.

Para que la nueva ola de producción ciudadana genere capital social, innovación inclusiva y bienestar, es necesario garantizar que todos los ciudadanos, y en particular los de las comunidades menos representadas, estén facultados para contribuir y participar en el diseño de la ciudad para todos. Por lo tanto, resulta fundamental desarrollar programas para incrementar el acceso a las nuevas tecnologías y a las habilidades que se requieren para utilizarlas y transformarlas.

Asimismo, es necesario establecer principios de colaboración entre la ciudad y los ciudadanos de manera que el derecho del ciudadano a contribuir al codiseño del ámbito físico y digital de la ciudad sea no solo reconocido, sino también adecuadamente valorado (a través de incentivos y recompensas), para que su contribución sea motivada y no explotada con fines distintos de los previstos. A tal fin, será fundamental establecer un código de ética y reglas de compromiso que se conviertan en la columna vertebral de la innovación ciudadana abierta y fomenten un nuevo modelo contributivo para las ciudades.

via

Anuncios
Acerca de

Chileno. Tecnólogo Médico, Magister en cs de la Ingeniería mención Biotecnología. Nerd, Geek y orgulloso integrante del Partido Pirata de Chile Ⓟ.

Publicado en DD.HH, Política, Sociedad, Tecnología

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 596 seguidores

Member of The Internet Defense League

Sígueme en Twitter
A %d blogueros les gusta esto: