Por qué siempre creemos tener la razón (incluso cuando estamos equivocados)

Tu novi@ fue al baño y dejó su celular al lado tuyo. El dispositivo te empieza a hacer ojitos para que lo revises, pero sabes que no deberías. Finalmente, no te aguantas el impulso y te metes a ver qué hay por ahí y en cuestión de segundos revisas su Facebook, Twitter, Instagram, y hasta Google Maps.

Y de pronto, ¡paf! Encuentras LA conversación con LA persona a la que siempre le has tenido un poquito de recelo. “¡Lo pasé muy bien ayer!”, dice en el texto, acompañado del emoji de la carita sonriente que muestra los dientes. “No lo puedo creer”, piensas. Nada bueno puede haber detrás de esa provocativa frase… porque es provocativa, ¿verdad?

Al final encaras a tu novi@, sólo para terminar, quedando en vergüenza después que te mostró la conversación completa y te diste cuenta que en realidad esa persona hablaba del cumpleaños número 92 de su abuelita. “Qué raro, si todo tenía tanto sentido”, piensas nuevamente, mientras compras helado en el supermercado y contratas Netflix, preparándote para la larga temporada de soltería que se te viene por tu imprudencia e inseguridad. ¿Cómo pasó eso?

Gracias por nada, razonamiento motivado

Pues bien, si te pasó algo remotamente parecido alguna vez, debes darle las gracias al razonamiento motivado. En una charla TED, Julia Galef, cofundadora de Centro de Racionalidad Aplicada y experta en la investigación de cómo y por qué los seres humanos cambiamos de opinión, narra de qué se trata este pequeño demonio.

“Es el fenómeno en el que nuestras motivaciones inconscientes, deseos y miedos, le dan forma a la manera en la que interpretamos la información. A partir de eso, algunas ideas se convierten en nuestras aliadas, ya que queremos defenderlas para que ‘ganen’. La otra información corresponde a las ideas del enemigo, las que queremos derribar”, explica.

Y puede sonar a convicción, pero en realidad, este tipo de razonamiento va más allá y se transforma prácticamente en ceguera. Según Julia, este fenómeno puede llegar a ser aterrador si consideramos lo inconsciente que es. “Podemos pensar que estamos siendo objetivos y parciales, pero aún así podríamos llegar a destruirle la vida a una persona inocente”, plantea, poniéndose en el caso de Dreyfus.

¿Quién era Dreyfus?

Lo que le pasó a Alfred Dreyfus fue considerado como un hito del antisemitismo en la historia. A fines del siglo XIX, el entonces capitán del ejército francés (pero de origen judío), fue acusado de espionaje y traición a la patria. Todo comenzó cuando se divulgó la noticia de que habían hallado una serie de fragmentos de papel en los que, si se reunían, se podía reconocer que había información confidencial siendo entregada a Alemania.

Para dar con el autor del crimen, se llevaron a cabo pruebas caligráficas dentro de un amplio grupo de personas y así ver si la escritura a mano coincidía. A pesar que los estudios arrojaron que, por ejemplo, la letra de Dreyfus no calzaba con la del manuscrito, fue acusado de todas formas de haber sido el culpable.

Finalmente fue sentenciado a cadena perpetua, a pesar que todas las pruebas mostraban que no había sido él. ¿Cuál fue la razón entonces? El antisemitismo imperante en esa sociedad, hizo que todos se convencieran que él era el que había estado entregandoinformación. Eso le nubló la vista a todos los antisemitas, quienes terminaron juzgando debido a una idea preconcebida y no a propósito de la evidencia. Un ejemplo claro del razonamiento motivado.

Los soldados y los exploradores

A partir de este fenómeno, Julia divide los tipos de pensamientos en dos: soldados y exploradores. Los primeros corresponden a lo que describimos anteriormente, como razonamiento motivado. Es decir, los soldados están basados en emociones como el tribalismo (sentirse muy ligado al grupo al que se pertenece e ignorar los demás) y una actitud más defensiva en general.

En ese escenario, todo lo que piensan está fuertemente influido por lo que en realidad quieren creer. Por ejemplo: en un partido de fútbol, un miembro de tu equipo favorito fue acusado de haber cometido una falta. El pensamiento de soldado está inclinado a pensar que el árbitro está comprado, pero si la situación es al revés, este prefiere decir algo como “¿dónde tomó clases de teatro ese @#!$?”.

Mientras que, en la otra vereda, está el pensamiento de los exploradores. Julia los define como la falta de interés en hacer que una idea gane o pierda, sino que buscar qué es lo más preciso y honesto posible, incluso si no es agradable o conveniente. Este tipo de raciocinio es el que define a aquellas personas que son capaces de superar sus prejuicios e inclinaciones, para ver la evidencia de la manera más objetiva.

¿Cómo es un “explorador”?

Así como los soldados están encargados de luchar y ganar, los exploradores deben buscar, identificar y aclarar. Por eso, según Julia, las personas que piensan como un explorador son generalmente más curiosas y tienden a sentir placer cuando aprenden más sobre algún tema o, por ejemplo, resuelven un rompecabezas. También están más inclinados a sentirse intrigados cuando encuentran algo que contradice sus expectativas y tienen una serie de valores distintos a los del soldado.

Por ejemplo, los exploradores creen que es valorable cuestionarse las creencias personales, no critican a quienes son capaces de cambiar de opinión y, por sobre todo, funcionan en base a la evidencia.

Pueden creer que la “dieta del brócoli” hervido es lo mejor que existe, pero si un estudio dice lo contrario, no dudarán en cambiarse a la de la coliflor (y no por eso creerán que fueron estúpidos todo el tiempo que emplearon hirviendo brócoli).

No discutamos para ganar

Al final, lo más importante de todo esto, es entender que deberíamos estar dispuestos a cambiar nuestro modo de pensar. Y es que es necesario comprender que no tenemos por qué sentirnos avergonzados si nos damos cuenta que estuvimos mal respecto a algo durante todo el tiempo. En cambio, sintámonos orgullosos de haber aprendido y que, aparentemente, ahora nos encontramos en lo correcto, pero siempre estando abiertos a replanteárnoslo si fuera necesario.

Es decir, no debemos discutir para ganar, sino que para ver qué es lo que está bien. Para eso, es fundamental tener una actitud curiosa y no defensiva. Después de todo, como sociedad siempre vamos cambiando de opinión frente a ciertos temas (esclavitud, homosexualidad, divorcio, etc.) y está bien. Así que seamos más exploradores y menos soldados cuando estemos discutiendo sobre algún tema que cuestione lo que creemos que es correcto.

Para esto, debemos escuchar y entender lo que dice la otra parte, no dejarnos atrapar por el odio, entregar buenos ejemplos y ser capaz de negociar una salida que beneficie a todos.

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Acerca de

Chileno. Tecnólogo Médico,. #MangaLover #AnimeLover #HentaiAffitionado Nerd, Geek y orgulloso integrante del Partido Pirata de Chile Ⓟ.

Publicado en Cultura, Sociedad

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