El negacionismo climático y las variadas formas de ser imbécil

Nada como escribir un artículo sobre el negacionismo climático para poder tener una muestra abundante y poder clasificar adecuadamente sus variadas tipologías.

Sin duda, la realidad es siempre más compleja de lo que parece, y más de medio siglo de negacionismo climático cuidadosamente alimentado por lobbies económicos han dado mucho de sí a la hora de generar idiotas que, bajo pretextos diversos, pretenden que nada se mueva. ¿Pero cuáles son esos pretextos? Ser negacionista climático es ser un imbécil, pero ¿cuántos tipos de imbéciles hay ahí fuera? ¿A qué excusas estúpidas se agarran los escépticos para sostener esas supuestas creencias?

La primera de todas ellas, y sin duda la más abundante, es la negación de la realidad. Es el fruto más directo de todos esos años de esparcir dudas sobre la evolución del fenómeno, y se manifiesta en forma de personas que hablan de la ciencia como de «hipótesis» según ellos «no probadas» (cuando, en realidad, el consenso es ya del 100% entre los científicos, aunque sea difícil de entender para quienes no han visto un científico más que de lejos), que hacen referencia a artículos de prensa que citan supuestos «disidentes» (en realidad, personas, no científicos dedicados a investigar el tema ni especializados en absolutos, y cuyo valor se reduce al de tener una opinión discordante). Típicamente se refieren, con brutal ignorancia, a que «los científicos ya se han equivocado anteriormente», cuando la realidad es que incluso modelos de hace más de cincuenta años predecían correctamente la actual emergencia climática. Hablamos de todos esos que vienen aquí o a Twitter a decir «me llamas imbécil porque opino distinto, y eso es faltarme al respeto»… cuando, en realidad, la verdadera prueba de que eres imbécil está en que de verdad seas capaz de creer que estamos hablando de opiniones, cuando hablamos de hechos científicos.

La segunda es más grave, por el egoísmo que denota: es la negación económica. Personas que afirman que no tiene sentido luchar contra la emergencia climática, porque hacerlo haría imposible preservar el bienestar económico al que hemos podido llegar gracias a la explotación de una tecnología sucia cuyos efectos nadie se preocupaba de limpiar. Esos mismos que pretenden no ver que la industria del petróleo recibe 5.5 billones de dólares anuales en subsidios, el 6% del producto bruto mundial. No pasa nada, es mejor seguir consumiendo gasolina y diesel subvencionados y extinguirnos, que plantearnos cambiar nuestro modelo económico, así que nos dedicamos a inventarnos teorías de la conspiración, contubernios judeo-marxistas de todo pelaje, y adscribimos a todo un tinte político que nos permita descartarlo más fácilmente. Según ellos, toda restricción, sea de uso de una tecnología obsoleta como el motor de explosión o incluso de circulación en determinadas zonas suponen «inaceptables vulneraciones de sus derechos por las que no están dispuestos a pasar», y aceptar cualquier redefinición de la fisonomía de la ciudad es «liberticida».

La tercera modalidad de la estupidez es la que afirma que las soluciones contra la emergencia climática costarían tanto en términos humanitarios, que no es, según ellos, ético considerarlas, y que solo lo hacen élites que pretenden su preservación a costa del resto. Son los imbéciles que, en el colmo de la ignorancia científica, afirman que «el dióxido de carbono es bueno porque lo necesitan las plantas que cultivamos», que luchar contra la emergencia climática provocaría hambrunas, o que es «completamente imposible» alimentar y calentar a la población mundial con fuentes renovables. Cuando, en realidad, lo que matará gente de verdad, sobre todo al 40% que vive en zonas tropicales, será la inviabilidad de determinados cultivos y las olas de calor que asolarán el planeta, unidos a la mayor incidencia de catástrofes como incendios, huracanes, inundaciones, etc. que, por supuesto, para ellos, «han estado ahí toda la vida» y «si te tocan, es casualidad». De nuevo, pura ignorancia y cuñadismo que ignora que en la situación actual, varios millones de personas mueren todos los años debido a enfermedades respiratorias… pero claro, eso, para ellos, es «lo normal». Este tipo de impresentable suele afirmar que «las energías renovables no dan de sí», ignorando la ley de Swanson o la mejora constante de las baterías, o te sueltan sin despeinarse eso de «¿y que vamos a hacer con el litio?», cuando el litio, sencillamente, no se quema ni se consume en la reacción como ocurre con los hidrocarburos. Es reciclable.

El cuarto tipo de imbécil es el imbécil político: el que afirma que no le da la gana hacer nada, «porque total, otros países no lo hacen«, y entonces no vale la pena. No, lo que no vale la pena es tu cerebro y lo poco para lo que lo usas cuando dices esas cosas. Lo que hay que hacer, precisamente, es provocar cambios que obliguen a todos los países a actuar, sea mediante amenazas de bloqueo económico o mediante la presión de organismos y acuerdos internacionales, no resignarse y decir «nada vale la pena», como si la contrapartida fuese que tu equipo perdiese la liga, en lugar de la extinción masiva de la especie. Los que, pese a la evidencia de que crear y desarrollar una nueva economía verde podría generar muchísima riqueza, afirman que «cambiar nuestro sistema económico es imposible» cuando realmente es el propio sistema el que se ha convertido en inviable, como antes lo fue el acabar con el racismo, la esclavitud, dar el voto a la mujer o dar derechos a los homosexuales. Es gentuza sin la cual el mundo jamás habría evolucionado, que creen que el sistema está bien como está, pero que se creen con la calidad moral suficiente como para insultarte en Twitter cuando les dices que puede cambiar.

Finalmente, están los ignorantes que afirman que sí, que posiblemente haya un problema, pero que los tiempos están mal calculados, y que en el futuro, cuando seamos mucho más ricos y la tecnología haya avanzado aún más, ya podremos luchar contra la emergencia climática. Idiotas que creen que la emergencia climática responde a algún tipo de agenda que pone alguien, que se puede parar dándole a un botón, y que afirman con total tranquilidad que «los informes son exagerados». No, la única verdad es que los tiempos de reacción se están acortando cada vez más, y que cuantos más impresentables como esos permitamos que pululen por la sociedad, más en peligro se pone la toma de decisiones rápida de cara a paliar la emergencia climática.

Imbéciles, en efecto, hay muchos, ya lo sabíamos. Si en el artículo anterior sobre este tema te sentiste insultado, ya sabes, ahora con este puedes tratar de determinar a qué tipo de tribu de imbécil perteneces. Que alguien critique o ridiculice a Greta es, como comentaba en aquel artículo, solo un síntoma: es lo que tienen los símbolos y creer que representan más que eso, que símbolos, pero hay muchos síntomas más. Si reconoces alguna de las frases entrecomilladas anteriormente, ya lo sabes: tienes un imbécil delante. Defiéndete como puedas y sepas.

Acerca de

Chileno. Tecnólogo Médico,. #MangaLover #AnimeLover #HentaiAffitionado Nerd, Geek y orgulloso integrante del Partido Pirata de Chile Ⓟ.

Publicado en Ciencia, Medioambiente

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